
Luis Alberto Ordóñez*
Cuando uno viaja por otros países, en especial los más desarrollados, no se ven policías y mucho menos militares en las calles. De vez en cuando aparece uno de los primeros, y de los segundos solamente en casos de amenaza terrorista la tropa se deja ver; sin embargo son sitios seguros y se puede transitar de día o de noche sin temor a perder la vida; las personas hasta pueden utilizar el celular sin riesgo alguno. La policía no se ve, pero ahí está; la inteligencia hace una labor callada pero efectiva y la justicia se siente y se respeta. En resumen, los delincuentes le tienen miedo a la autoridad y saben que la justicia no será incoherente e incompetente, sino que los sancionará; entienden que les puede salir muy caro cometer un ilícito. En Colombia, con índices de impunidad supremamente altos, la delincuencia sabe que difícilmente pagará por sus faltas y que a la fuerza pública le puede ir peor si se mete con ellos.







