
Pbro. Mario García*
Vivimos, quién lo duda, una época de desconcierto; es como si ya no tuviésemos certeza alguna; como si anduviésemos sin norte ni brújula; como si hubiésemos entrado en un dédalo inextricable y no tuviésemos, para buscar la salida, un hilo conductor. ¡Cuánto bien hacen, en coyunturas tales, los guías seguros, conocedores del camino, prudentes, atinados, y, sobre todo, firmes en la doctrina! ¡Y cuánto mal los que, por el contrario, señalan rumbos equivocados, o trastornan más, con sus desatinos y sus ambigüedades, los corazones y las mentes!







