Eduardo Mackenzie*
No sé si el trabajo parlamentario de Susana Gómez Castaño, alias Susana Boreal, es brillantísimo. No sé si ella aporta ideas geniales o solo razonables durante los debates de la Cámara de Representantes. O si, por lo menos, accede a esas instancias de deliberación en pleno goce de sus facultades intelectuales y en plena forma física, como debe hacerlo, en principio, todo representante elegido del pueblo colombiano.








