
Jesús Vallejo Mejía
En mi lejana juventud, mientras unos de mis compañeros de universidad se aplicaban a leer a Marx, Lenin y sus epígonos que los nutrían de ideas comunistas, yo fortalecía mis ideas liberales leyendo a Benedetto Croce y Guido de Ruggiero, al tiempo que abrevaba en la social democracia de la mano de Harold Laski.






