
Carlos Salas Silva
En medio de la noche, luego de haber conciliado difícilmente el sueño debido a los dolores y el malestar de una fuerte gripa que me torturaba y de la que fui víctima por este maldito calentamiento global que me estuvo congelando durante las dos semanas más frías que he conocido en La Calera, sonó el celular despertándome con el presentimiento de malas noticias el que fue disipado al ver quién marcaba mi número.








