Jorge Enrique Pava Q.
Los colombianos estamos sometidos a una permanente desazón. El saber que tenemos un presidente que hace el ridículo constantemente y que toma decisiones de acuerdo con su estado anímico (que por lo general es de histeria, resentimiento y venganza), o su situación sicótica originada en el volumen de “café” que consuma, nos somete a una incertidumbre no solo personal, sino económica, financiera y de estabilidad jurídica y empresarial.






