
María Cristina Isaza
Todos hemos tenido situaciones en nuestra vida personal que requieren una conversación incómoda que evadimos, postergamos, procrastinamos, le damos cien vueltas, pero no nos atrevemos a plantear porque nos da temor… “se va a armar la grande” imaginamos la reacción del otro y pensamos cien maneras de resolver a cada una de las cien increpaciones que imaginamos puede tener nuestro locutor. Esto termina de dos formas: un día nos llenamos de valor y enfrentamos esta conversación a tiempo con sus inevitables consecuencias y llegamos a formular acuerdos, o mientras seguimos pensando en tenerlas, sigue pasando el tiempo, el problema se va volviendo mayor y cualquier día nos “estalla en la cara” y lo que pudo haber sido una “Conversación Incómoda” se convierte en un ring de batalla en el que todos salen mal librados.







