Jorge Enrique Pava
Oír la intervención de Carlos Mario Marín en la instalación de las sesiones ordinarias del Concejo de Manizales, solo causa indignación. Se despacha con un sartal de mentiras y de planteamientos hechos desde una realidad que solo vive él, y es totalmente contraria a la que palpamos el resto de manizaleños. Miente sin asomo de vergüenza y sin ruborizarse siquiera un poco. Él sabe que puede desatar su mitomanía en ese escenario, pues lo mantiene bien alimentado, robusto y silencioso y, por ende, no va a encontrar contradictores.

