
Carlos Salas Silva
Qué tal la recostada del mequetrefe en el hombro de la ministra de Relaciones internacionales, una pobrecita señora que, con paciencia infinita, no replicó como se hacía en mi niñez que cuando algún atrevido le ponía la mano a cualquiera en el hombro le decía “Vendí mi loro pa’ no cargarlo” y le hacía el quite o le lanzaba un escupitajo a la mano, eso que muchos rogábamos que doña Rosa Yolanda lo hiciese defendiendo la poca dignidad que le queda, si es que dignidad alguna tiene quien se presta a ser Canciller con apenas hablar, y mal hablado el español, cuando la dejan pronunciar alguna palabra en uno de esos supuestos consejos de ministros televisados donde el patrón se despacha con una retahíla de bobadas y de sandeces que ni un borracho, de esos ya llevados, es capaz de mantener y, lo peor, creerse gracioso saliéndonos con esa risita tan desagradable como desagradable y apestoso es este señor, don Gustavo Francisco, quien domina el arte de la estulticia como ninguno, porque para bestia se supera a sí mismo y más ahora que se acerca el 7 de agosto y tendrá el sol a la espalda quedándole tan solo un añito para burlarse de todo y de todos comenzando por traer a un impresentable que realmente espanta y se hace pasar por pastor, que ni de ovejas sería y menos de pobres incautos que aunque quisieran no sabrían dónde acudir porque no tiene iglesia, ni algo que se le parezca, desde donde adoctrinar a quienes llegasen a caer en sus garras que son más de lobo que de oveja.








