
Jesús Vallejo Mejía
Es comprensible el desafecto de la Iglesia respecto del capitalismo, sobre todo en sus versiones extremas que sacralizan la codicia, la ley del más fuerte, el hedonismo o el desdén por los desamparados. No es fácil compaginar las enseñanzas evangélicas con un sistema que ignora la solidaridad para con los débiles y se muestra impasible respecto de la explotación del hombre por el hombre.








