Jorge Enrique Pava Q.
Hace cuatro años el país se debatía entre unas amplias opciones de candidatos que luchaban por conquistar los votos de los colombianos. Unos, confiando en la democracia y en las garantías institucionales, acudían al convencimiento a través de ideas, propuestas, planteamientos y alternativas de soluciones; mientras tanto, otros atacaban rastreramente a sus adversarios, les inventaban historias, los masacraban en redes sociales, y se aliaban con el lumpen de las cárceles colombianas y con los desechables que habían alimentado durante las protestas terroristas. Ofrecían impunidad y confección de leyes a la medida del narco terrorismo (sus socios naturales) obteniendo, además, dineros a manos llenas para manipular el proceso electoral. Fue una campaña desigual, injusta, violenta y desproporcionada que terminó en fatalidad: con el triunfo de la perversidad sobre la nobleza; del terrorismo sobre el patriotismo; del vandalismo sobre la civilidad; de la violencia sobre la paz; y de la impunidad sobre la justicia.







