
Carlos A. Montaner
El delirio fue escalando por décadas. Una mañana fría de diciembre de 1982 cuatro iluminados se reunieron bajo la sombra generosa de un “Samán de Güere”, un árbol muy frondoso. Eran jóvenes oficiales graduados a mediados de los setenta. Se trataba de Hugo Chávez, Jesús Urdaneta, Felipe Antonio Acosta Carlés y Raúl Isaías Baduel. Obviamente, todos eran oficiales de baja graduación, como les correspondía por razones de edad.








