
Carolina Restrepo Cañavera*
“El presidente Gustavo Petro, fiel a su estilo, ha vuelto a dejar al desnudo no solo su ignorancia, sino también su rabia contenida frente a las mujeres que no puede controlar. Esta vez fue con el Premio Nobel de Paz otorgado a María Corina Machado. En lugar de reconocer el mérito, el símbolo y la lucha democrática que representa, intentó disimular su incomodidad con un mensaje torpe que lo retrata mejor que cualquier análisis.







