
Rafael Rodríguez-Jaraba*
Siempre he considerado que, por encima de nuestras creencias, convicciones y diferencias, bien sean, políticas, ideológicas, económicas, culturales o raciales, los colombianos debemos estar unidos por el sentimiento invisible pero indestructible de la nacionalidad, el que debe prevalecer e integrarnos en una fraternidad solidaria e inquebrantable, no solo en la alegría o la tristeza, sino de manera permanente y en especial, ante cualquier amenaza de destrucción de nuestro Estado de Derecho y su Democracia o, de fractura y fragmentación de nuestra sociedad.






