
Carlos Salas Silva
La lealtad se la debemos de pronto a la familia, a la amistad, al trabajo, a las creencias, a las confidencias, al secreto bien guardado, a la memoria de nuestros padres. Tal vez a nuestros líderes espirituales y políticos, a la palabra empeñada, a nuestros deberes y compromisos. En ocasiones al bando en el que nos encontremos en un conflicto, al lado que nos corresponda en un pleito o en una discusión. Rara vez a la verdad, porque se presenta resbalosa, o a las promiscuas ideologías que no ofrecen garantía alguna.






