Jorge Enrique Pava
El sabor que queda después de una jornada electoral tan agitada como la de este domingo es agridulce. Saboreamos las mieles de varios triunfos, pero también nos dolemos por una derrota que, a pesar de lo ajustada, significa la pérdida de una esperanza de forma de gobierno gerencial y corporativo que harto le serviría a Caldas.







