
José Obdulio Gaviria*
“La casa de la familia Castañeda era toda de madera, una preciosidad. Cierto día descubrieron en el techo un pequeño nido de comején. Nadie se alarmó; un nido de insectos era algo controlable. El señor Castañeda averiguó cuánto le valdría fumigar la casa y eliminar el nido, pero cuando los hijos vieron el presupuesto pusieron el grito en el cielo: ¡eso está muy caro!, dijeron; ¿para qué gastar tanto en algo tan pequeño? Y los Castañeda prefirieron ignorar el problema y aplazar la solución.







