
Rafael Rodríguez-Jaraba*
Por lo general, los ambientalistas abusan de la retórica y carecen de pragmatismo; pero sus posturas apasionadas no ofenden, por el contrario, despiertan simpatía. Para satisfacción de ellos y bien de la humanidad, sus prédicas líricas en favor de la conservación planetaria, empiezan a adquirir racionalidad y realismo.








