
Dani Lerer*
Israel no dejó que Irán tenga la bomba. Ni siquiera lo discutió. No pidió permiso, no convocó cumbres ni esperó el visto bueno de ninguna burocracia internacional. La decisión fue quirúrgica, secreta y letal: anular la capacidad del régimen iraní de convertirse en una potencia nuclear. No mañana. Hoy.








