
Maritza Aristizábal*
En estas elecciones han salido todos a desfilar en la estrecha pasarela de las vanidades políticas. Caminaron a sus anchas pregonando candidaturas, inflaron sus propias posibilidades al son de hipócritas adulaciones y se hicieron ciegos ante la realidad política y la evidencia estadística. La sensatez que es la virtud más escasa entre los políticos fue anulada en las más recientes elecciones. Por el lado del Congreso cientos de candidatos se quemaron. Muchos pensaban que les alcanzaba apunta de maquinarias, compra de votos o exposiciones escandalosas y virales en redes sociales y medios de comunicación.








