
Darío Ruiz Gómez
Sabe Stalin cuando todo el poder es suyo, que lo decisivo es la tarea de crear un lenguaje acorde con su proyecto totalitario, que sea capaz de borrar la presencia de la odiada “cultura burguesa” – permítanme que insista en ello porque es lo que nos está sucediendo-, instrumentando brutalmente un lenguaje burocrático en el cual no existe el recuerdo y mucho menos la duda, porque sencillamente ya no hay individuos sino camaradas felices y por lo tanto la Filosofía, que es duda, desgarramiento, está proscrita y la neolengua debe limitarse a perseguir a quienes prefieren la vida a las falsas utopías.








