
María del Rosario Guerra
La irrupción de un grupo de vándalos a la Catedral Primada de Colombia fue un atentado contra nuestra fe, contra las convicciones más íntimas del ser humano y contra el derecho que nos asiste como ciudadanos a la libertad de culto, consagrado y protegido en la Constitución en su artículo 19. Es inadmisible y reprochable que la sacralidad de la eucaristía se haya visto atacada e irrespetada. Nada, absolutamente nada, justifica violentar el derecho a vivir nuestra espiritualidad y a hacerlo en los lugares públicos autorizados para ello.








