
José Félix Lafaurie
“Paris bien vale una misa”, exclamó cínicamente Enrique IV, cuando se convirtió al catolicismo para ceñirse la corona de Francia. Y para cínicos desvergonzados, Petro, para quien la presidencia bien vale hasta una alianza con delincuentes. Y así, anda haciendo promesas imposibles y firmando compromisos temerarios.







