
Paola Holguín*
En 2021 las principales ciudades colombianas experimentaron un escenario de violencia sin precedentes, dada su sistematicidad y magnitud, que añadió cuantiosos estragos a la economía nacional a los ya provocados por la cruel pandemia del COVID-19. Las manifestaciones violentas afectaron gravemente la cadena nacional de suministro de alimentos, pusieron en riesgo la seguridad alimentaria del país y desestabilizaron el orden constitucional y legal, así como el pleno funcionamiento de la institucionalidad.







