
Carlos Salas Silva
Una decorosa renuncia es lo que cabría esperar de Petro si se tratase de una persona digna. Con el apabullante testimonio de su misma nuera, el emperadorcito ha quedado en toda su vergonzosa desnudes. Nada nuevo sale de ahí, ya sabíamos de las triquiñuelas de su hijo desde campañas pasadas y de los negocios, más que turbios, del señor de las bolsas, lo nuevo acá es la actual condición del suegro de la denunciante, ocupando, de manera ilícita, la presidencia a la que ha pretendido transformar en un trono inexpugnable. Inexpugnable como desde siempre se ha considerado éste guerrillero que ha hecho toda su vida lo que le ha venido en gana amparado en una justicia corrupta, en unos políticos detestables y en unos ciegos seguidores que le comen el cuento de que es el paladín contra la injusticia social.








