
Alfonso Monsalve Solórzano
Dice el chascarrillo que el ego de Maradona era tan grande que se concebía de pie sobre los hombros de Dios. Pero no contaba con Petro, que se montó en los hombros del mismísimo futbolista para demostrar su grandeza; es decir, la que él cree que tiene. Y de paso, su espíritu torvo. Y su real pequeñez, inversamente proporcional a sus ínfulas de excelsitud. Y, más allá de toda duda, de su incapacidad para gobernar este país.






