Eduardo Mackenzie
Me sorprende y me produce escalofríos la actitud obtusa, callada y sometida de muchos periodistas, de sus asociaciones y sindicatos y de la prensa en general, ante las brutales amenazas directas que profirió Gustavo Petro, con el mayor descaro, en un discurso en la plaza de Bolívar de Bogotá, el pasado 24 de octubre, contra la periodista Vicky Dávila.