Eduardo Mackenzie*
En su alegato del pasado 14 de mayo, en defensa de Francia Márquez y de su macarrónico viaje africano, con encuentros secretos en Pretoria, novio a bordo y baile en la capital de Kenia, el presidente Gustavo Petro lanzó un furioso discurso contra las personas que critican los objetivos e incidentes de ese periplo inútil: “Que los blanquitos ricos no se crean que no tienen sangre negra en sus venas, porque sí la tienen”, exclamó (1).