Eduardo Mackenzie
No es una alianza, no es un pacto, no es un sano acuerdo electoral. Es una desorientada yunta de agrupaciones --partido socialista, partido comunista, ecologistas y otros 40 matices del “progresismo”, como el grupúsculo Nuevo Partido Anticapitalista (0,15 % de los votos)— que aceptaron amarrarse, a las carreras (en cuatro días), botando por la ventana sus principios, a una formación que ellos criticaban como antisemita la víspera. La Francia Insumisa, el partido de Jean-Luc Mélenchon, que siembra el caos y la destrucción en las calles y exhibe banderas palestinas en la Asamblea Nacional, que sueña destruir las instituciones y hacer de Francia una Venezuela en el Viejo Continente, logró amarrar a su carro a esos grupos y montar con ellos un organismo para participar en la elección legislativa anticipada del 30 de junio y 7 de julio bajo el nombre de “nuevo frente popular” (1).